Introducción:

El mareo es un término inespecífico que engloba sensaciones de inestabilidad, aturdimiento, desvanecimiento o desequilibrio, sin la percepción de giro.

El vértigo se define como la sensación ilusoria de movimiento rotatorio, ya sea del entorno o del propio cuerpo.

Causas:

El mareo puede deberse a causas cardiovasculares (hipotensión ortostática, arritmias), neurológicas (Parkinson, neuropatía diabética), psiquiátricas (ansiedad, depresión), efectos farmacológicos, o causas multisensoriales en adultos mayores.

Las causas de vértigo suelen ser alteraciones del sistema vestibular, clasificadas en periféricas (como el vértigo posicional paroxístico benigno, enfermedad de Ménière, neuritis vestibular) y centrales (accidente cerebrovascular en fosa posterior, migraña vestibular, esclerosis múltiple, tumores cerebelosos).

Diagnóstico:

El diagnóstico se basa en una anamnesis dirigida a caracterizar el síntoma (timing, desencadenantes, síntomas acompañantes) y en la exploración física, que incluye maniobras como Dix-Hallpike para vértigo posicional, medición de presión ortostática, búsqueda de nistagmo y pruebas de equilibrio. El uso de algoritmos como HINTS (Head-Impulse, Nystagmus, Test of Skew) permite diferenciar causas periféricas de centrales en vértigo agudo. La neuroimagen (RM) se reserva para sospecha de etiología central o síntomas neurológicos focales.

Tratamiento:

El mareo se trata corrigiendo la causa subyacente: ajuste de medicación, manejo de hipotensión, tratamiento de trastornos psiquiátricos o rehabilitación física.

El tratamiento del vértigo periférico incluye maniobras de reposicionamiento canalicular (Epley para VPPB), restricción de sal y diuréticos en Ménière, corticoides en neuritis vestibular, y rehabilitación vestibular. El vértigo central requiere manejo específico según la causa (por ejemplo, tratamiento del ACV).

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