Introducción:
La hernia discal lumbar es una causa frecuente de dolor lumbar y ciática, caracterizada por la protrusión del núcleo pulposo a través del anillo fibroso, lo que puede comprimir raíces nerviosas y provocar síntomas neurológicos. Los niveles más afectados suelen ser L4-L5 y L5-S1. Los factores de riesgo incluyen degeneración discal, actividades físicas intensas y tabaquismo; además, existe predisposición genética.
Clasificación:
Las hernias discales lumbares se clasifican principalmente según la morfología y la localización del material discal desplazado, basándose en criterios consensuados por la Combined Task Force (CTF) y en la terminología radiológica actual. La clasificación más aceptada distingue entre:
- Protrusión: El material discal sobresale pero la base de contacto con el disco es mayor que el diámetro de la hernia.
- Extrusión: El material discal se desplaza más allá del anillo fibroso, con una base de contacto menor que el diámetro de la hernia.
- Secuestro: Fragmento discal libre, separado completamente del disco original.
La CTF excluye el término “bulging” (abombamiento), ya que no implica hernia verdadera. Además, la clasificación puede complementarse según la localización anatómica en el plano axial: central, subarticular (paramedial), foraminal y extraforaminal (lateral). Esta distinción es relevante para la correlación clínica y la planificación terapéutica.
Diagnóstico:
El diagnóstico se basa en la anamnesis, exploración física (signos como el Lasègue cruzado y la limitación de movilidad lumbar son útiles para diferenciar el grado de hernia) y confirmación mediante resonancia magnética, especialmente en pacientes con síntomas persistentes o déficit neurológico. Es importante destacar que la presencia de hernia en la imagen no siempre se correlaciona con los síntomas, ya que es común encontrar hernias asintomáticas en la población general.
Tratamiento:
El tratamiento inicial suele ser conservador: analgesia, fisioterapia y educación del paciente. La mayoría mejora en semanas o meses; aproximadamente el 87% experimenta alivio del dolor en tres meses sin cirugía. En casos de dolor severo o persistente, pueden considerarse infiltraciones epidurales de glucocorticoides, aunque no reducen la tasa de cirugía posterior. La cirugía (microdiscectomía) está indicada en pacientes con déficit neurológico progresivo, síndrome de cauda equina, o síntomas incapacitantes que no responden al tratamiento conservador; los resultados quirúrgicos suelen ser favorables, con mejoría rápida del dolor radicular.