El esguince de tobillo es, sin duda, una de las lesiones más comunes tanto en deportistas como en la población general. El más frecuente es el esguince en inversión, que ocurre cuando el pie se gira hacia dentro y hacia abajo (inversión y flexión plantar). Esta lesión afecta sobre todo a los ligamentos de la parte externa del tobillo, especialmente al ligamento peroneo-astragalino anterior y al peroneo-calcáneo.

 

Grados de esguince

Dependiendo de la gravedad, los esguinces de tobillo se clasifican en tres niveles:

  • Grado I: distensión o microdesgarro del ligamento. Suele provocar dolor y algo de inflamación, pero sin inestabilidad.
  • Grado II: desgarro parcial. Se acompaña de edema moderado, hematoma y cierta sensación de inseguridad al apoyar.
  • Grado III: rotura completa del ligamento. Genera gran inflamación, hematoma y una inestabilidad evidente.

 

Factores de riesgo

Algunas personas tienen más probabilidad de sufrir un esguince de tobillo, sobre todo si existen:

  • Antecedentes de esguinces previos.
  • Inestabilidad ligamentosa o rehabilitación incompleta de lesiones anteriores.
  • Disminución de la movilidad en flexión dorsal del tobillo.
  • Debilidad de los músculos peroneos.
  • Alineación en varo del talón (pie inclinado hacia dentro).
  • Índice de masa corporal elevado.
  • Práctica de deportes con saltos, carreras o cambios bruscos de dirección (como baloncesto, fútbol o pádel).

 

Diagnóstico

El diagnóstico se basa principalmente en la anamnesis (historia clínica) y la exploración física, valorando dolor, inflamación, hematomas, rango de movimiento y estabilidad articular.

En algunos casos, puede ser necesaria una radiografía. Para decidirlo, se aplican las Reglas de Ottawa, utilizadas internacionalmente. Según estas reglas, la radiografía está indicada si existe dolor en la zona del tobillo o del mediopié y se cumple al menos una de estas condiciones:

  • Dolor óseo en el borde posterior de los 6 cm distales de la tibia o el peroné.
  • Dolor en el maléolo medial o lateral.
  • Dolor en la base del quinto metatarsiano o en el hueso navicular.
  • Incapacidad para apoyar el pie inmediatamente tras la lesión y en la consulta.

 

Tratamiento y rehabilitación

El abordaje inicial se basa en el protocolo PRICE: protección, reposo, hielo, compresión y elevación, acompañado de analgésicos bajo prescripción médica.

Actualmente se recomienda movilizar de forma temprana y, en la mayoría de casos, utilizar tobilleras funcionales o vendajes en lugar de una inmovilización rígida.

La rehabilitación es clave para evitar recaídas y lograr una recuperación completa. En fisioterapia trabajamos con:

  • Terapia manual para reducir dolor y mejorar la movilidad.
  • Ejercicios de movilidad para recuperar el rango articular.
  • Fortalecimiento de la musculatura peronea e intrínseca del pie.
  • Trabajo propioceptivo para mejorar el control y la estabilidad del tobillo.
  • Ejercicios específicos según el deporte del paciente para una vuelta segura a la actividad.

 

En nuestra clínica de fisioterapia te acompañamos durante todo el proceso, desde la valoración inicial hasta tu vuelta a la actividad diaria o deportiva. Nuestro objetivo no es solo que te recuperes del esguince, sino que lo hagas de forma completa y segura, evitando recaídas.

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